LA ESCUELA Y LAS NUEVAS
ALFABETIZACIONES
La alfabetización es uno de los ejes centrales de la
acción escolar. Las escuelas existen desde hace muchos siglos para enseñar a
leer y escribir.
Hoy no es lo único de lo que debe ocuparse la escuela,
ya que surgen otras formas de producción y transmisión de la cultura. Se
empieza a hablar de alfabetizaciones emergentes o múltiples para referirse al
conjunto de saberes que se vuelven cada vez más necesarios en nuestras sociedades.
Se introducen dos nuevos cuerpos de conocimientos: el
que rodea al lenguaje de las imágenes y lo audiovisual, y el que surge del uso
de las computadoras. Hablar de "lenguaje" no es inocente: supone
pensarlos como códigos, y también como formas culturales que deben ser objeto
de reflexión y de producción dentro de la escuela. Incluirlos significa ampliar
la porción de la cultura que la escuela pone a disposición de las nuevas
generaciones.
|
LENGUAJES EN PLURAL: (Inés Dussel - Myriam Southwell):
La alfabetización en la lectoescritura fue
durante muchos años la tarea central, de la escuela. En el último tiempo,
empezó a formularse la necesidad de incluir otros saberes básicos. Se habla
de alfabetizaciones emergentes, y también de alfabetizaciones múltiples, para
referirse a la adquisición de un conjunto de saberes que abarcan otras áreas.
Entre esas alfabetizaciones, se menciona a la alfabetización digital y la
alfabetización mediática.
En este artículo, nos gustaría
referirnos a distintos saberes que aparecen cada vez como más necesarios.
¿Qué significa hablar hoy de nuevas alfabetizaciones? ¿Supone solo cambios en
el soporte de los textos o también implica otra serie de destrezas y
operaciones? Los saberes considerados indispensables deberían ampliarse para
incluir los saberes, relaciones y tecnologías que hoy son dominantes en
nuestra sociedad, y formar a las nuevas generaciones para que puedan
vincularse con ellas de maneras más creativas y plurales. Creemos que para
desandar, la brecha que se instaló entre la escuela y lo contemporáneo, sería
deseable que la organización pedagógica y curricular de las escuelas se
estructurara como un diálogo más fluido, más abierto, con los saberes que se
producen y circulan en la sociedad. ¿Cuáles son los nuevos lenguajes que
deberían ser incluidos en la propuesta escolar, y cómo sería más productivo
hacerlo? Sobre estas preguntas reflexionaremos en las páginas que siguen.
LA ESCUELA DE LAS
ALFABETIZACIONES BÁSICAS DEL SIGLO XIX:
Cada época produce y reproduce
cultura. ¿Cómo ha resonado esa dinámica propia de la cultura dentro de las
paredes de la escuela? A veces la escuela genera culturas nuevas: así lo hizo
cuando creó un público lector, a principios del siglo XX, y ayudó a estructurar
relaciones, identidades y sentimientos. Un hecho no menor en esa dirección es
la incorporación masiva de la mujer a la cultura, tanto en su rol de alumna
como en el de educadora, primer escalón de un ingreso al mercado de trabajo
que transformaría a la sociedad.
¿Cómo se fue dando la
incorporación de las nuevas formas de producción cultural en nuestras
escuelas? En la historia de más de dos siglos de escuelas elementales y
superiores en el país, el diálogo con la producción cultural que se producía
fuera de ella fue enriquecedor pero, a la vez, problemático. Más de una vez
en estos siglos, los cambios tecnológicos y los nuevos lenguajes era vivido
como una amenaza ante las cuales la escuela debía construir paredes más
altas. Un ejemplo de ello puede encontrarse en las expresiones de educadores
como Víctor Mercante que desconfiaba de avances tecnológicos como la
mecanización, los tranvías eléctricos, como así también de expresiones
culturales tales como el cine, el tango y el fútbol.
En un sentido similar, algunos
educadores encabezaron fuertes discusiones acerca de qué podía considerarse
cultura y qué quedaba relegado a lugares menores y despreciados, y por lo
tanto, qué expresiones escritas, visuales o sonoras podían introducirse en la
escuela y cuáles no. De este modo, esa escuela fue autorizando determinados
saberes, voces, expresiones y lenguajes y decidió dejar afuera otras formas
culturales que luego la historia fue incorporando dentro del canon de cultura
legítima.
LAS ALFABETIZACIONES
CLÁSICAS HOY:
El surgimiento mismo de la escuela
se consolidó en torno a las tecnologías ligadas a la lectura y la escritura
disponibles a fines del siglo XIX: el libro, la pizarra, el cuaderno, el
lápiz. Como muchas de estas prácticas y tecnologías venían de lejos, se favoreció
una idea de inmutabilidad de los saberes y una sola dirección de su
enseñanza. Sin embargo, cabe plantearse si es la misma enseñanza la que debe
desarrollarse cuando se trata de trabajar con pantallas, y cuando las
tecnologías se transformaron radicalmente.
Por un lado, hay que considerar
que en los siglos XVIII y XIX, la escritura, junto a la pintura y el dibujo,
era una de las pocas maneras de registrar y conservar el saber para su
transmisión. Pero hoy las posibilidades tecnológicas de "capturar"
una imagen y hacerla perdurable a través de la fotografía y el cine/video, de
guardar una voz, o de registrar un movimiento, rompieron ese monopolio. La
escritura sigue siendo fundamental para representar al mundo y para acceder a
otros cuerpos de saberes, pero ya no es la única forma posible.
La otra cuestión a tener en cuenta
en torno a la enseñanza de la lectura y la escritura es que hoy está organizado
por diferentes supuestos y principios que hace un siglo. Si antes importaba el
manejo competente de la ortografía y la sintaxis, actualmente hay otros
discursos que la configuran. Se busca que los alumnos se expresen, que se
apropien de los códigos lingüísticos, que produzcan textos propios y que se
vinculen a la lengua y literatura de maneras más productivas y libres.
También se plantea que hay que
promover que los alumnos se acerquen a las situaciones reales de
comunicación, se jerarquiza el lugar de la oralidad y se promueven formas
menos rígidas de enseñanza, que plantean trabajos en grupo, interacciones
directas entre los alumnos, y autocorrecciones. La relación con el saber que
se promueve y el vínculo con la autoridad son muy diferentes a lo que se
planteaba a fines del siglo XIX. No es suficiente, entonces, con seguir
haciendo bien lo que se hacía hace un siglo: nos encontramos con otros
sujetos, con otras estrategias, y con otras prácticas sociales que demandan
otro tipo de enseñanza.
Una tercera cuestión que se
plantea es que hay que repensar el lugar monopólico de la escritura en la
transmisión de la cultura. La escritura es un modo importantísimo de
representación, y su aprendizaje es difícil, y debe ser eje fundamental de la
escolaridad; pero no es necesariamente cierto que es el más completo o el que
debe "dominar" a todos los otros, que incluyen a la imagen, el
sonido y el lenguaje gestual o corporal. La escritura requiere una inducción
larga y cuidadosa en sus reglas y formas de procedimiento, y la escuela sigue
siendo el mejor lugar para hacerlo. Pero también debe reconocerse que ya no
es posible sostener que las otras formas de representación de la experiencia
humana no deben tener lugar en la escuela. Kress propone, reconocer que
ninguna forma de representación es total, ni logra atrapar al conjunto de la
experiencia humana y que si bien la escritura y la lectura tienen enormes
beneficios como prácticas de conservación, producción y transmisión de la
cultura, no son las únicas dignas de enseñarse masivamente. Unas y otras
pueden potenciarse y beneficiarse mutuamente, expandiendo nuestra capacidad
de expresarnos, de comunicarnos.
Pensar en los "modos de
representación" ayuda también a analizar los medios tecnológicos por los
que se representa. Kress señala que la escritura en la época de la pantalla
tiende a adoptar aspectos de la gramática visual de la pantalla antes que de
la página del libro como sucedía hasta hace poco tiempo. Los libros de
texto son buenos indicadores de estos cambios: actualmente, la organización
visual de las páginas de esos libros asume formatos hipertextuales, con
ilustraciones, profundizaciones, resaltados. Antes, la organización de la página no
constituía un problema complejo, y se decidía de acuerdo con las
posibilidades técnicas y gráficas disponibles; hoy "esa organización se
ha convertido en un recurso para el significado de los nuevos conjuntos
textuales". Empieza a ser cada vez más necesario que la escuela
proporcione otros conocimientos para moverse mejor, en los saberes que
proporcionan las nuevas tecnologías, básicamente la computación y el lenguaje
audiovisual.
LA ALFABETIZACIÓN COMO
METÁFORA:
Hablar de nuevas alfabetizaciones,
alfabetizaciones múltiples o alfabetizaciones emergentes, requiere discutir
también si vale la pena referirse a esos nuevos saberes en los mismos
términos que las alfabetizaciones clásicas. Algunos autores (Kress, 2005;
Braslavsky, B., 2004) señalan que no es conveniente usar el término de
"alfabetización"como metáfora. Kress destaca que esta extensión provoca
una extensión de los supuestos y prácticas de la lectura y de la escritura a
otras formas de representación (por ejemplo, la imagen o los gestos), lo que
no necesariamente ayuda a ver las profundas diferencias que las estructuran.
Sin
desconocer las críticas mencionadas, consideraremos que es más lo que se gana
que lo que se pierde en esta adopción de la metáfora de
"alfabetizaciones" para hablar de los saberes básicos que hoy debe
transmitir la escuela primaria. Hablar de alfabetización permite referirse a
la necesidad de aprender lenguajes, y estos lenguajes no son solamente, los
del lenguaje oral u escrito. Buckingham señala que la alfabetización hace
referencia a la posibilidad de acceder a un código o lenguaje y también de
comprenderlo y usarlo creativamente. Creemos que en torno a esas tres
acciones (acceso, comprensión y creatividad) podrían estructurarse contenidos
interesantes que aporten a la formación intelectual, ética y estética de los
estudiantes.
ALFABETIZADOS Y ENREDADOS:
Otro punto sobre el que nos gustaría
detenernos es el de la relación entre la incorporación de nuevos saberes y la
visión que tenemos de lo nuevo, y de los nuevos, en la cultura. Es frecuente
que los adultos intercambiemos impresiones acerca de si las operaciones de
comunicación, lingüísticas, expresivas, que se realizan con el celular, el
chat, son formatos culturales restringidos o empobrecidos, un uso devaluado
del lenguaje que no educa. En estas valoraciones, Por un lado, aparece una
preocupación por brindar y velar por el acceso a la cultura letrada, que es
legítima y se basa en una posición responsable como educadores. Pero también
suele haber un cuestionamiento hacia los jóvenes, porque sus modos de vivir
en el mundo se perciben distintos al que los adultos creemos recordar que
vivimos nuestra juventud. Una mirada frecuente sobre los jóvenes suele verlos
como menos creativos, cultos y lectores de lo que los adultos recordamos
haber sido.
Es necesario considerar, que la
mayor flexibilización de las normas que organizan la lengua escrita se ha
producido en todos los momentos del desarrollo humano en que se fueron
pluralizando las formas de registro de lo escrito. Desde la oralidad a la escritura,
de la escritura sobre tablas a la escritura sobre papel, Etcétera, en todas
esas transiciones hubo modificaciones en la norma que organizó la lengua
escrita. Por otro lado, varios siglos atrás, escribir y leer eran actividades
profesionales que llevaban adelante personas que desempeñaban un oficio
específico. Pero la evolución de la sociedad posibilitó que ya no fuera un
oficio que desempeñaban algunos pocos, sino una marca de ciudadanía
(Ferreiro, 2001) y gracias a ese desarrollo esas prácticas están hoy
extendidas entre nosotros.
En una entrevista incluida en el
Nº 3 de El Monitor, Daniel Link nos recuerda que los chicos y jóvenes jamás
se caracterizaron por el buen uso del lenguaje y que no deberían ser
estigmatizados por ello. Las nuevas tecnologías de la información y de la
comunicación traen nuevos interrogantes a la escuela y requieren diversificar
aquellos soportes sobre los que se alfabetiza. Una posibilidad es que la
escuela se abra a considerar como legítimas las formas de lectura y escritura
que desarrollan los alumnos y docentes en tanto internautas, posibilitando la
consideración de esas prácticas que los alumnos llevan adelante en entornos
virtuales.
Otro elemento importante que
podría abrirse con las nuevas tecnologías es la capacidad de crear recorridos
y producciones originales de cada uno de los alumnos. Eso implica pensar a
chicas y chicos como "productores culturales por derecho propio"
(Buckingham, D., 2002:225), lo que tendrá consecuencias tanto en la manera en
que encaren su propio proceso de aprendizaje y su capacidad de proyectarse
hacia el futuro, como en ocupar un lugar distinto como sujetos políticos con
igualdad de derechos.
Al mismo tiempo, habría que proponerles espacios para reflexionar, investigar y producir alternativas sobre quiénes y cómo producen saberes en estos nuevos espacios. No debe ignorarse que ellos están movidos, por intereses comerciales y empresarios. Nuestros alumnos tienen el derecho, y el deber, de saber en qué se están metiendo cuando acceden a estos sitios.
PREGUNTAS
POR EL CÓMO:
Como suele decirse, lo importante
no es la tecnología sino lo que hagamos con ella (usos, posibilidades y
límites). También es importante pensar en una introducción de las nuevas
tecnologías que no las consideren solamente un recurso didáctico que amplía
las posibilidades materiales del aula, sino también, formas culturales de
esta época, ámbitos productivos y recreativos de la cultura, la política y la
economía contemporáneas, que tienen muchos efectos sobre nuestras propias
vidas. En ese sentido, creemos que no es suficiente con "enseñar
computación" y los programas de software, ni tampoco considerar a la
internet solamente como una fuente de información, sino que deberían sumarse
otros saberes que permitan enriquecer la vida de los alumnos, que los ayuden
a plantearse preguntas y reflexiones.
Es fundamental, por ejemplo,
enseñar la noción de red y su extensión en muchas actividades humanas, y
ayudar a develar las jerarquías y subordinaciones que siguen operando pese a
su apariencia horizontal. Es fundamental también hacer lugar a otros
conocimientos y experiencias que circulan en internet, o que se almacenan en
CD, estudiando por ejemplo cómo cambia el conocimiento cuando se archiva en
uno u otro formato, discutiendo qué se transformó de las viejas bibliotecas
de papeles a las nuevas formas virtuales. Podemos también, estudiar los
videojuegos: las estrategias que proponen, sus formas de producción, sus
presupuestos epistemológicos y políticos.
También sería interesante
investigar acerca de usos diferentes de las nuevas tecnologías en distintas
regiones, sectores sociales y distintos países, que los ayuden a reflexionar
sobre los condicionamientos económicos, culturales, y políticos que tiene la
relación con la tecnología y que no se dejan simplificar en la presencia o
ausencia de una máquina (Snyder y otros, 2002).
Es fundamental que las escuelas propongan
una relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y la información.
Las nuevas alfabetizaciones deberían ayudar a promover otras lecturas (y
escrituras) sobre la cultura que portan las nuevas tecnologías, que les
permitan a los sujetos entender los contextos, las lógicas y las
instituciones de producción y organización de esos saberes. Todo ello hace a
la relación con el saber, con la lengua, con los otros, con el conocimiento
acumulado; y hace a nuestro lugar en una sociedad humana que se forma de
muchas herencias, lugar que debería permitirnos dejar una huella propia para
que otros la retomen más adelante.
|
||
|
|
|
|